lunes, 20 de abril de 2009

Tomás


"Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré."
He escrito innumerables cartas, terminadas, inconclusas, largas, cortas, frases con la intención de ser cartas, que no concluyeron, y que nunca fueron entregadas y que nunca nadie las va a leer.
He imaginado infinitas veces como podría haber sido, y siempre supe que yo sería la mejor. Que sería exactamente lo que no conoces y por eso, la correcta.
Y es eso, lo que más duele. Que me hieras lo puedo superar. Que después de tantos años mi fantasía haya sido mucho más plena y maravillosa que tu realidad también. Saber que nunca voy a poder saber la verdad, No. Será que soy como Tomás y hasta que no vea las cicatrices de tu alma y te palpe, sienta, toque, experimente no estaré satisfecha. Porque nadie puede enamorarse de una idea, de una irrealidad. Y yo tenía tantas ganas de enamorarme de vos.
Hoy puedo responder todas esas cartas, ya no con el pulso tembloroso, ni con lágrimas que le den el toque novelesco. Con acierto, puedo escribir la Fe de erratas. Y mal y pronto diría algo así:
No te amo. No sé si alguna vez lo hice, ya no me importa. Me da tanta paz deshacerme de algo que ahora me doy cuenta y tomo conciencia que es una carga, es como el hombre que iba con una gran bolsa de papas y pasa un hombre en una carroza a su lado y le invita a subir. El acepta, pero el hombre de la carroza nota que el otro hombre no descarga de sus hombros la bolsa de papas, entonces le dice: alivia el peso de tus hombros y baja tu carga". Pero el otro responde "Usted ya está haciendo mucho llevándome, no quiero molestarlo bajando mi bolsa de papas". Bueno, yo hoy bajo una carga Innecesaria, te diría hasta ilógica de seguir cargando. Y hasta me parece ridículo el solo pensamiento de haberte dedicado tanto más de lo que te merecías.

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